
Carlo, sonrisa de cielo
para esta tierra herida y sin paz,
alabamos a Dios
por tu vida sencilla, alegre y santa.
Tú acogiste con confianza
el ser despojado de tu juventud
para dedicarte en el cielo, con Jesús y María,
a una misión de amor sin fronteras.
Reposando con tu cuerpo mortal
donde Francisco de Asís
se despojó de todo bien terrenal,
proclamas con él al mundo
que Jesús es toda nuestra alegría.
Joven lleno de sueños,
atraído por la naturaleza, el deporte y por Internet,
pero aún más cautivado por el milagro
de Jesús realmente presente en la Santa Hostia,
ayúdanos a creer que Él está allí, vivo y verdadero,
mística «autopista» que conduce al cielo,
y enséñanos a contemplarlo con María
en los misterios del Santo Rosario.
Enséñanos, Carlo,
que, más allá de las modas,
solo Jesús, uniéndonos a Él,
nos hace «originales y no fotocopias»,
verdaderamente libres.
Alcánzanos la gracia de saber encontrarlo
en cada criatura, pero sobre todo en los pobres,
para que la humanidad sea más justa y fraterna,
rica en belleza y esperanza,
para gloria del Padre, del Hijo
y del Espíritu Santo. Amén.
Imprimatur + Domenico Sorrentino
Obispo de Asís, Nocera Umbra, Gualdo Tadino y de Foligno




