
Patrona de la República Dominicana
Fiesta el 21 de enero
La advocación de Nuestra Señora de Alta Gracia nace en España, en la zona extremeña de Siruela. Allí, hace siglos, se le apareció a un pastor que la vio sobre un árbol y de ahí su nombre: la más Alta Gracia venida de los cielos. Posteriormente fue vista por una niña, sobre una piedra, en un pueblo cercano, Garrovillas de Alconétar. Todo parece indicar que unos palentinos llegados al valle de Higüey (en la República Dominicana) llevaron la imagen consigo. Pero, según escribe Monseñor Juan Pepón en su libro Donde floreció el naranjo, la veneración de esta Virgen que hay en la República Dominicana tiene otro origen.
Hace más de tres siglos vivía en la zona de Higüey un ganadero que tenía dos hijas. En cierta ocasión, antes de partir para la ciudad de Santo Domingo con el fin de vender sus reses, preguntó a las niñas qué querían que les trajera de regalo. La mayor le encargó cintas y adornos y la más pequeña, a quien llamaban La Niña, le pidió la imagen de la Virgen de Alta Gracia. Aunque le extrañó el encargo, el padre partió con la intención de complacerlas.
Tras terminar sus asuntos en la ciudad, compró los regalos para su hija mayor; pero cuando se dispuso a conseguir el de la pequeña, le resultó imposible encontrar la Imagen de esa Virgen. Al cruzar la localidad Los Dos Ríos, decidió pasar la noche en casa de un amigo. En un rincón de la sala de la misma casa estaba sentado un anciano que, al oírle su historia, se acercó y le dijo que él tenía dicha imagen. Rebuscó en sus ropas y sacó un pergamino en el que se veía a la Virgen María adorando a Jesús recién nacido. El anciano se marchó al día siguiente. El 21 de enero La Niña recibió el regalo de su padre a los pies de un naranjo.



