
Una pregunta que muchos se hacen
Pocas preguntas despiertan tanta curiosidad y esperanza como esta: ¿las mascotas van al Cielo? Es una inquietud frecuente, especialmente entre los niños, pero también entre quienes han experimentado el dolor de perder a un animal al que amaban profundamente.
Responder no es sencillo, porque la Iglesia Católica no ha dado una enseñanza definitiva sobre este tema. Sin embargo, existe un dato importante que conviene tener presente: así como la Iglesia no ha afirmado oficialmente que los animales estén en el Cielo, tampoco lo ha negado de manera concluyente.
La realidad es que se trata de una cuestión abierta. Hasta el día de hoy, la Iglesia no enseña con certeza si habrá animales en el Cielo o en la nueva creación después de la resurrección de los muertos.
Lo que dicen las Sagradas Escrituras
La Biblia presenta imágenes de una creación renovada donde los animales viven en perfecta armonía. El profeta Isaías describe esta realidad con palabras llenas de esperanza:
«El lobo habitará con el cordero, el puma se acostará junto al cabrito, el ternero comerá al lado del león y un niño chiquito los cuidará» (cf. Is 11, 6-9; 65, 25).
Muchos estudiosos consideran que estos pasajes tienen un carácter simbólico y representan la paz definitiva que traerá el Reino de Dios. No obstante, muestran que la creación ocupa un lugar importante dentro del plan divino.
La enseñanza de la teología
Desde la perspectiva de la teología católica, existe una diferencia esencial entre el ser humano y los animales.
El ser humano posee un alma espiritual, mientras que los animales tienen un alma sensitiva o animal. Por esta razón, los animales no pueden elegir libremente entre el bien y el mal como las personas, ni participan del mismo destino sobrenatural reservado al hombre.
Sin embargo, esta distinción no obliga necesariamente a excluir toda posibilidad de que los animales tengan algún tipo de participación en la creación glorificada. Algunos teólogos han planteado que esa eventual presencia no dependería de la redención, ya que los animales no necesitan ser redimidos como los seres humanos.
En consecuencia, la Iglesia no ha afirmado esta posibilidad, pero tampoco la ha descartado definitivamente, precisamente porque no existe una base suficiente para pronunciarse con certeza.
Una cuestión abierta dentro del pensamiento católico
Santo Tomás de Aquino, siguiendo una reflexión teológica muy rigurosa, sostenía que en el mundo renovado después del fin de los tiempos no habría plantas ni animales.
No obstante, esta postura no constituye una enseñanza definitiva de la Iglesia. La cuestión sigue siendo objeto de reflexión dentro del pensamiento católico, y numerosos teólogos contemporáneos consideran posible una respuesta más esperanzadora.
El testimonio compartido por la madre de Carlo Acutis
Una de las referencias más conocidas sobre este tema proviene de Antonia Salzano, madre del beato Carlo Acutis. En el libro El Secreto de Carlo Acutis relata un episodio que muchos consideran especialmente significativo.
Recuerdo que pocos días después de su muerte me dirigí en oración a Carlo para pedirle que me diera una señal sobre una duda que tenía y que siempre me había creado malestar y preocupación. Porque me angustiaba la idea de que los animales terminaran en nada después de la muerte. La Iglesia nunca había definido completamente este punto.
Habiendo tenido tantos animales a lo largo de mi vida, me consolaba la idea de que después de la muerte los encontraría a todos, como, entre otras cosas, el santo papa Pablo VI había asegurado a un niño desconsolado por la pérdida de su querido perro. Le dije a Carlo: «Si después de la muerte los animales también van al cielo, ven a visitarme en un sueño con mi perro Billy de cuando yo era niña y al que tanto quería».
Hice esa pregunta en secreto convencida de que mi hijo me daría una señal. Y la respuesta no se hizo esperar. Declaro que no había hecho ninguna mención de esta solicitud a Carlo a nadie. Unos días después, mi tía de Roma me llamó para decirme que había soñado con Carlo junto a mi perro Billy.
Otra confirmación que tuve sobre la supervivencia de los animales incluso después de la muerte vino de la portería del edificio de Milán donde vivimos. La señora había perdido a su querido perro, que había sido atropellado por un automóvil. Estaba desesperada. Esa misma noche soñó con Carlo que estaba jugando con su perro. Este hecho la tranquilizó mucho y quiso decírmelo inmediatamente.
En 2019 Briciola, la perrita de Carlo, se fue al cielo. Yo estaba muy apegada a ella porque, especialmente después de la desaparición de mi hijo, se había convertido para mí en una especie de reliquia viviente. Desafortunadamente en los últimos meses había empeorado, ya tenía quince años. Nació el día de San Francisco de Asís, el 4 de octubre de 2004. También en esta ocasión Carlo me dio una buena señal: apareció en un sueño con Briciola en brazos de un sacerdote la misma noche que murió el perro. Después de todo, Carlo, ya en vida, estaba seguro de que los animales no terminarían en la nada.
La creación también participa del plan de Dios
Durante la catequesis La Iglesia peregrina hacia el Reino, del 26 de noviembre de 2014, el papa Francisco afirmó:
«La Sagrada Escritura nos enseña que el cumplimiento de este diseño maravilloso no puede no interesar también todo aquello que nos rodea, y que ha salido del pensamiento y del corazón de Dios».
Con estas palabras, el Papa recuerda que el plan de salvación de Dios no se limita únicamente a los seres humanos, sino que abarca toda la creación. El universo, la naturaleza y los animales poseen un valor porque proceden del amor y de la sabiduría de Dios.
Por ello, en la plenitud del Reino no solo el ser humano será transformado, sino que también la creación será renovada de alguna manera.
La esperanza expresada por san Pablo
El apóstol san Pablo ofrece una reflexión profunda en la Carta a los Romanos:
«Pues si la creación se ve obligada a no lograr algo duradero, esto no viene de ella misma, sino de aquel que le impuso este destino. Pero le queda la esperanza; porque el mundo creado también dejará de trabajar para que sea destruido, y compartirá la libertad y la gloria de los hijos de Dios» (Rm 8, 20-21).
San Pablo presenta a toda la creación como participante de las consecuencias del pecado humano, sometida al desgaste y a la corrupción. Sin embargo, también afirma que esa misma creación espera ser liberada y participar de la gloria futura junto con los hijos de Dios.
Muchos teólogos han visto en este pasaje un indicio de que la redención realizada por Cristo posee un alcance que abarca toda la creación. Esto no significa que los animales tengan el mismo destino que las personas, sino que podrían formar parte de la creación renovada conforme al designio de Dios.
¿Podremos reencontrarnos con nuestras mascotas?
Las mascotas no serán redimidas ni resucitadas del mismo modo que los seres humanos. Sin embargo, esta afirmación no responde completamente a la pregunta de si podrían estar presentes en la plenitud del Reino de Dios.
Algunos teólogos sostienen que, si en el Cielo no existe el sufrimiento y una mascota formó parte del amor verdadero de una persona, Dios podría permitir su presencia como parte de la plenitud de esa felicidad.
En la primera carta a los Corintios, san Pablo expresa esta esperanza con unas palabras que invitan a confiar plenamente en Dios:
«Lo que ojo no vio, ni oído oyó, ni ha subido en corazón de hombre, es lo que Dios tiene preparado para los que le aman» (1 Co 2, 9).
En esta misma línea, el Dr. Ricardo Castañón ha compartido una reflexión interesante. Señala que, en el Cielo, el ser humano participa de las cualidades de Dios. Desde esa perspectiva, si una persona deseara la compañía de su mascota, ello podría ser posible.
Lo que la Iglesia sí enseña
Aunque la posibilidad de la presencia de los animales en el Cielo permanece abierta, la Iglesia sí tiene una enseñanza clara respecto a su condición.
Los animales no poseen alma espiritual como los seres humanos y, por ello, no necesitan sacramentos ni requieren misas después de su muerte. Del mismo modo, la Iglesia no contempla ritos como misas por mascotas fallecidas o bendiciones de sus cenizas.
Una esperanza confiada en la bondad de Dios
La Iglesia no ofrece una respuesta definitiva sobre el destino eterno de los animales. Sin embargo, tampoco cierra la puerta a la esperanza.
Podemos confiar en la infinita bondad de Dios y esperar que, si forma parte de su voluntad, podamos volver a encontrarnos con aquellos seres que nos acompañaron con fidelidad y amor durante nuestra vida. Como los llamaba san Francisco de Asís, nuestros «hermanos menores» nos recuerdan que toda la creación procede del mismo Creador.
Mientras tanto, estamos llamados a vivir con fe, gratitud y respeto por la naturaleza, cuidando la obra de Dios y reconociendo que compartimos con todas las criaturas la misma casa común que Él nos ha confiado.
